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EL GUARDIÁN DE LA TUMBA

 

- Muchachos he contactado con un cliente en el norte.

- ¿en donde? – dijo una joven que estaba frente a él.

- En Chiclayo.

- ¿sabes si el remitente es seguro? – preguntó un joven sentado a su lado.

- Si, es seguro – contestó – el GPS dice que la localización de la llamada es correcta.

- Bien, Joaquín, deja el teléfono, Sandy, ve por las herramientas, Eduardo, ayúdame con el equipo, nos vamos a Chiclayo – dijo un hombre mayor que usaba un gran sombrero y que poseía un gran bigote.

- Bien, Santiago, yo me encargaré de revisar el vehículo – dijo Joaquín.

Todos ordenaron sus cosas y salieron, ocho horas de viaje entre Lima y Chiclayo, llegaron a la dirección, Santiago bajó de la camioneta, y de pronto una señora salió de su casa.

- ¿Son los caza recompensas? – dijo la mujer.

- Si – afirmó Santiago.

Santiago hizo una señal con la mano y en un instante todos se le acercaron, la mujer los observó a todos.

- Síganme – dijo la mujer dándoles la espalda.

Caminaron tras la mujer, la cual los condujo a una polvorienta sala, sacó una maleta y la puso en la mesa, la abrió y varios paquetes de billetes quedaron a la vista de todos.

- Pagaré 30000 dólares si me traen un collar de diamantes que está en una tumba, al fallecido lo enterraron con mi joya – dijo la mujer.

- ¿esa es la misión? – preguntó burlándose Eduardo.

La mujer lo miró con seriedad.

- Eso es todo lo que quiero – dijo la mujer.

Cerró violentamente el maletín, y les lanzó un papel, Santiago lo cogió y haciendo una reverencia con su sombrero salió de la casa.

Ya en la camioneta, Santiago criticó la actitud de Eduardo, luego revisó el papel.

- ¡Joaquín!, revisa esto, - dijo Santiago entregándole el papel que la señora le dio.

- Este es el bosque del Pómac, ubicado en la zona Nor – Este de Chiclayo, es un bosque de algarrobos, aquí al parecer está enterrado el tipo - dijo Joaquín

- No lo entiendo, - dijo Sandy - ¿Por qué contratarnos para un trabajo tan fácil?, ¿y pagarnos tanto dinero?

- Ustedes nunca piensan en los detalles, ¿Qué tal si alguien tomó la joya antes que nosotros?, ¿Qué tal si no hallamos la tumba? – dijo Santiago.

Todos quedaron en silencio en el auto y continuaron su viaje.

- Pronto anochecerá – dijo Eduardo - ubiquemos rápido el lugar.

Santiago llegó a la entrada del bosque del Pómac, y miró a lo profundo, el bosque se mostraba tenebroso y solo eran las seis de la tarde, Joaquín se acercó a una vendedora de dulces y conversaron.

- Buenas tardes, discúlpeme, ¿Usted conoció a Fermín Atuspaya? – dijo Joaquín.

La cara alegre de la mujer cambió por completo.

- Yo no hablo con los enviados del diablo – dijo la mujer casi temblando.

De inmediato la mujer guardó sus cosas y se alejó rápidamente; ante esto, se acercó Santiago y Eduardo.

- ¿Qué le dijiste? – preguntó Santiago.

- Le pregunté por el fallecido – dijo Joaquín.

- No lo vuelvas a hacer – dijo Santiago - mientras menos personas sepan la razón por la que estamos aquí mejor.

- Igual necesitaremos información – dijo Eduardo.

- La información vendrá a mí, siempre es así – dijo Santiago.

Subieron todos a la camioneta, Santiago tomó el volante.

- Según este papel, la tumba estaba cerca de una cabaña abandonada que está detrás de dos yacimientos pre – incas – dijo Santiago.

- Bien, ¿Qué esperamos? – dijo Sandy.

El vehículo se puso en movimiento y entraron en el oscuro bosque, pronto se dieron cuenta de que sería muy difícil atravesarlo con la camioneta, la noche no dejaba ver casi nada, Santiago detuvo el auto.

- Bueno, muchachos, tenemos que detenernos – dijo Santiago.

- Estoy de acuerdo – dijo Joaquín

- ¿Dormiremos en el auto? – preguntó Eduardo

- Es lo más conveniente, estamos en un bosque desconocido – dijo Santiago.

Rápidamente se durmieron, sin embargo, el chillido de un ave nocturna despertó a Sandy, ella bajó del vehículo y caminó a un lugar solitario, miró a su alrededor y sintió frio, miró el frondoso bosque, una niebla blanca en movimiento por el suelo, las ramas viejas y entrelazadas de los árboles, el sonido de bichos y animales por todos lados; de pronto frente a ella, una sombra en movimiento, como si el bosque mismo encarnara en una persona sobrenatural y monstruosa, trató de seguir con la mirada esa cosa tenebrosa, pero no pudo, de pronto, sintió unos pasos tras de sí y volteó la mirada con prisa, encontrándose con Eduardo.

- ¡Ahhhh! – gritó Sandy aterrorizada.

- ¿Qué te pasa? – dijo Eduardo.

- Creo haber visto algo horrible – dijo Sandy abrasando a Eduardo.

- Está bien, tú también me gustas, pero no tenías que poner esa escusa – dijo Eduardo creyendo que se trataba de una broma.

Sandy abofeteó a Eduardo.

- Tonto, no es una broma – dijo Sandy

Y se fue muy molesta, subió al vehículo y dejó solo a Eduardo.

Eduardo miró el bosque y se disponía a caminar un rato, de pronto sintió que le tocaban el hombro, volteó la mirada creyendo que se trataba de Sandy.

- Sandy, sabía que volverías – dijo Eduardo confiadamente.

De pronto al mirar se encontró con algo realmente monstruoso, era una sombra con forma humana, sin brazos ni piernas, más negro que la noche y con unos ojos rojos tan profundos como el averno, no pudo decir palabra alguna, sintió como se desvanecía, y al mirar al cielo, vio la luna posada sobre las copas de los árboles, hasta que por fin perdió la consciencia.

A la mañana siguiente, despertaron los caza recompensas y notaron de inmediato la ausencia de Eduardo.

- ¿Dónde está Eduardo? – preguntó Joaquín.

- Ayer salió por la noche – dijo Sandy.

- Bien, pues tendrá que volver tarde o temprano, no podemos esperarlo, seguro quiere llegar primero a la tumba, espero que no le pase nada – dijo Santiago.

Sandy todavía estaba preocupada por lo que creyó ver en la noche, pero no dijo nada por lo absurdo que era.

Luego de un largo rato, cruzaron las enormes ciudadelas pre-Inca que allí habían, luego llegaron a un terreno mucho más intransitable, y se dieron cuenta que era imposible atravesar ese bosque con vehículos, así que Santiago decidió ir caminando.

Caminaron al menos un kilómetro, y se encontraron un viejo leñador, el hombre estaba muy sucio, la tierra era parte de su vestuario, Santiago y Joaquín se acercaron.

- Disculpe, usted sabe ¿Dónde está la cabaña de Fermín Atuspaya? – preguntó Santiago.

- Esa cabaña está maldita – contestó de inmediato el hombre - he visto varios hombres obsesionados como ustedes en la tumba, pero nadie la ha encontrado, allí ha muerto mucha gente, y los que han sido fuertes se alocaron, he visto a hombres botando espuma por la boca, pasando aquel algarrobo, es tierra del diablo.

- ¿por qué pasa esto?, si es que usted lo sabe – dijo Joaquín.

El hombre sacó de su bolsillo una botella tan sucia como él y bebió, pensó un momento mirando fijamente a Santiago y a Joaquín.

- Ese hombre que mencionaron, el muerto, en vida fue brujo, y pactó con el mismo diablo, cuando falleció le pidió a uno de sus discípulos ser enterrado con sus pertenencias, su discípulo cumplió con lo que le dijo y se suicidó esa misma noche, desde entonces, muchos hombres como ustedes vienen a buscar su tumba, y lo único que han encontrado es muerte, dicen que el diablo dejó a un guardián que custodia la tumba– dijo el leñador.

Santiago y Joaquín miraron un poco preocupados al hombre, pero su determinación y sobre todo su ambición era mayor, apenas ahora entendían el valor de la misión que les habían encomendado.

Caminaron sin decir palabra, pronto llegaron a un terreno casi imposible de caminar habían huecos por doquier, miles de excavaciones, eran tantas que parecía imposible, era como si miles de abejas gigantes hubieran tratado de hacer un panal sobre la tierra.

Como pudieron atravesaron los hoyos hasta llegar a la cabaña que estaba en medio de un complejo grupo de árboles de algarrobo, incluso en esta zona había una cantidad incontable de huecos.

- Debemos buscar alguna información en la cabaña – dijo Santiago.

- Claro, o si no tendremos que cavar como estos tipos en donde sea – dijo Joaquín.

Se pasaron toda la mañana buscando algo, la cabaña era realmente muy vieja pero también grande, de dos plantas y con ocho habitaciones en cada una, estaba vacía, era poco lo que podrían encontrar.

La tarde se ponía muy oscura, y de pronto empezó a llover intensamente, Santiago decidió quedarse en la cabaña por la noche, de todas formas, ese día tenían que encontrar una pista.

Cerraron las puertas y ventanas de la cabaña, encendieron los mecheros, acomodaron sus camas inflables, y se acostaron, de pronto, escucharon que tocaban la puerta con una fuerza enorme, se despertaron rápidamente, el viento y la lluvia hacían que la cabaña produzca sonidos aterrorizantes, Joaquín abrió la puerta, grande fue su sorpresa al no ver a nadie, ni siquiera las huellas que delaten a una persona.

- Pensé que era Eduardo – dijo Santiago.

- Yo también, pero me preocupó la fuerza con la que golpeaba – dijo Joaquín.

- ¿Qué la puede haber pasado a Eduardo? – pregunto Sandy.

- No lo sé, pero si nos ha traicionado lo sabremos – dijo Santiago.

- Yo fui la última que lo vi – dijo Sandy.

- ¿cómo?, si estuvo con nosotros en la camioneta – dijo Santiago.

- No fue así, en la noche yo salí del vehículo, y el salió después de mí, yo regresé pero él se quedó afuera; pero lo más sorprendente es lo que vi, una sombra que salía del bosque – dijo Sandy atemorizada.

De pronto, un trueno sonó, y la lluvia se puso más intensa.

- Debemos dormir, estamos cansados – dijo Santiago.

Todos se acostaron, pero no pudieron cerrar los ojos, sobre todo Sandy, la atormentaba el solo recuerdo del bosque oscuro y la criatura.

Justo a las dos de la madrugada, cuando por fin durmieron, un temblor sacudió la tierra, despertaron llenos de terror, pero ninguno de los tres quería abandonar la cabaña, el bosque negro se movía, y los árboles parecían cobrar vida, más grande fue su terror cuando escucharon gritos, por todos lados, con mucho susto, se quedaron despiertos a ver qué pasaba.

A las cuatro de la madrugada, se disponían a salir de la cabaña cuando de pronto, Joaquín pisó una madera del suelo y su pié se hundió, salió del hoyo como pudo, y vieron que bajo la cabaña había un hueco, levantaron los maderos y decidieron cavar, no habían avanzado ni un metro cuando de pronto una cosa peluda quedó a la vista, Santiago se agachó a recogerla y cuando la vieron, era la cabeza de Eduardo, todos dieron un grito de terror.

- Debemos irnos de aquí – dijo Sandy.

- Es imposible, la madera es antigua, es como si esta cabeza hubiera estado por años ahí abajo – dijo Joaquín.

- Es cierto, pero no nos quedaremos aquí a averiguarlo – dijo Santiago.

Salieron de la casa con prisa, el sol todavía no se veía, de pronto, cuando llevaban unos metros de distancia escucharon un grito proveniente de la cabaña, los tres dieron la vuelta y vieron una sombra negra, unos ojos rojos y un manto que se confundía con la noche, de pronto, Sandy calló al piso desmayada, Joaquín y Santiago sintieron la sensación de desvanecimiento, pero le dieron la espalda y tomaron a Sandy como pudieron, cada paso que daban era tan pesado, como si no pudieran avanzar, era como si algo los retuviese, tiraron el equipo que llevaban encima y corrieron como pudieron en el oscuro bosque, por fin, ya casi a la salida del sol pudieron visualizar a lo lejos su camioneta, subieron en ella y no volvieron a mirar atrás.

 

Dedicado a mi madre, por la confianza, y a todas las mujeres de Latinoamérica que me cuentan sus Historias de Amor.

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